|
|
“La Dimensión
Relacional en el Lobby Directo Legislativo”.
Autores: Paz Peña Ochoa y
Cristóbal Reig Salinas.
Institución: Pontificia Universidad
Católica de Valparaíso (PUCV), Escuela de Periodismo, Chile.
Resumen:
Este
artículo da cuenta de parte de una investigación de pregrado
consistente en una aproximación al lobby directo legislativo,
abordado desde una perspectiva comunicacional sistémica. En este
compendio, hemos querido relatar el paso cualitativo que se ha dado
al abordar al lobby directo desde su dimensión relacional,
alejándose de las visiones estructural – funcionalistas
tradicionales hasta este momento en los estudios del cabildeo.
Palabras Claves: Lobby- Comunicación
interpersonal- Complejidad
Primeras
Consideraciones Investigativas
Constantemente,
tanto en la prensa como en las conversaciones cotidianas, se escucha
la palabra “lobby”[1]. Ésta aduce a
negociaciones, influencia, contactos, persuasión y, en el peor de
los casos, a corrupción y tráfico de influencias. Sin embargo, aún
no existe una referencia única respecto al significado de la
palabra. Fue a partir de esa difusa definición del concepto que esta
investigación se propuso estudiar lo que parece ser la esencia del
lobby: El encuentro “cara a cara” o la dimensión directa del
cabildeo. Pero tampoco en su expresión general, sino que en un
determinado contexto, el Parlamento de nuestro país.
El estudio parte del supuesto de una
definición más precisa sobre el lobbying: Proceso de negociación
persuasiva, eminentemente comunicacional, que hace presente un
interés privado (por separado o en conjunto) ante un poder público y
sus respectivas reparticiones, con el fin no sólo de hacer presente
argumentativamente su punto de vista, sino también para tratar de
convencer al decisor público. Por lo tanto, se apoya la posición de
que el lobby no es una suerte de patología de la democracia, sino un
canal de ayuda a que ciertos sectores de la sociedad canalicen sus
inquietudes y se las hagan saber a los decisores públicos.
En términos
investigativos específicos, el escollo principal en el trabajo de
campo fue la imposibilidad de acceso al objeto de estudio, ya que
una conversación que se define por su privacidad, dejaría de serlo
con un tercero (investigador) ajeno al proceso. Por ende, se tomó la
decisión de realizar un estudio cualitativo basado en los relatos e
interpretaciones que una muestra no aleatoria de entrevistados
pudiera entregar (lobbistas profesionales, diputados y especialistas en el tema).
Si bien se problematizó a partir de la definición del término lobby,
la investigación se concentró en lo que se consideran los pilares
para desentrañar la naturaleza y características del fenómeno
estudiado: Actores, Procesos, y Legitimidad del lobby.
En el presente artículo, se presenta una parte de esta
investigación referente a los hallazgos sobre la importancia de la
dimensión relacional del lobby directo que, en ambos aspectos, se
muestra ignorada, mutilando una de las características más
fundamentales del cabildeo.
La
Legitimidad como Contexto de los Procesos de Lobbying
La legitimidad, entendida como aquello
considerado justo o moralmente aceptable, es el marco en el que se
desenvuelve el lobbying, es el contexto en el cual se desarrolla y
ante el cual se adaptan tanto actores como procesos. Un ejemplo es
cómo los lobbistas hacen sus mayores esfuerzos para mostrarse como
personas transparentes y con un alto sentido de la ética, ya que
ésta es la mejor manera de legitimarse como interlocutores válidos;
o cómo los diputados y el gobierno intentan regular la actividad
justamente para legalizarla, para darle un marco de práctica
legítimo.
Por tanto, se considera fundamental desentrañar
los procesos que desatan ciertos juicios de valor que son, en
definitiva, los que dan a determinadas prácticas el apellido de
legítimo. Esta búsqueda de conceptos se circunscribe a dos grandes
temas que se superponen mutuamente y que resultan fundamentales para
intentar explicar la legitimidad que envuelve la práctica del
lobbying:
·
El Poder, en cuanto a la capacidad de imponer ciertas
narrativas como generadoras de sentido. El poder ciertamente remite
a las posibilidades, y ciertos discursos, con ciertos valores
implícitos, ampliarán la esfera de lo posible respecto a la práctica
de esta actividad llamada lobbying.
·
La Democracia y el Consenso, por otro lado, ya que las
acciones definidas como buenas o malas, correctas o incorrectas,
sobre todo aquellas relacionadas con procesos políticos se
construirían en el consenso, cuya naturaleza es discursiva y
lingüística. Este estudio de comunicación “cara a
cara”, se concentró en los procesos que llevan a producir acuerdos a
niveles interpersonales, antes que a las características legales y
políticas de los consensos en democracia. En consecuencia, fue
fundamental analizar lo que permite alcanzar la legitimidad en
cualquier acto de negociación: la confianza.
La confianza se revela como un aspecto básico y
fundamental para comprender los procesos de consenso en el contexto
democrático. Si bien, este consenso está ampliamente determinado por
el poder de los actores para imponer sus narrativas sobre lo que
consideren legítimo, la confianza que pueda existir entre estos
actores será siempre complementaria a su poder.
La confianza y el respeto, actúan como
contrapeso ante el factor de la confrontación, y ambos estarán siempre
presentes en toda interacción comunicativa. Poder y Confianza son la
base de la comunicación del consenso, siempre presentes en la
constante definición de lo legítimo en democracia.
Marco de
Práctica Tradicional del Lobbying
Un grupo de interés o presión busca algo más que
la sola sensibilización. Lo que la da carácter y sentido al lobbying
de estos grupos es que persiguen un objetivo concreto y cuentan con
un tiempo finito para alcanzarlo. Y para lograrlo, se articulan una
serie de procedimientos estratégicos y tácticos.
Tanto la naturaleza de la estrategia como de las
tácticas constituirán para Xifra, una tipología básica del lobbying:
directo, cuando el cabildeo se ejerce de inmediato ante los poderes
públicos sin actuar con otros mediadores como la opinión pública o
los partidos políticos; y el indirecto (grass roots lobbying) que
busca la movilización, la alteración de la opinión pública y crear
un clima favorable a los intereses representados, todo de tal manera
de reforzar la presión sobre los poderes públicos. Ambas tipologías
no son excluyentes la una de la otra.
Según Jeffrey Berry se pueden identificar cuatro
estrategias de influencia, aunque pocos utilizan las cuatro y la
mayoría sólo una: Legales (acciones judiciales); Presión y
Confrontación (la controversia constante actuará como estimulante
para que las autoridades públicas cambien su posición); Información
(proveer a los decisores con información adecuada y datos útiles); y
Presión e Influencia Electoral (estrategia de presión más que de
persuasión).
Estas
estrategias de influencia tienen eco en las modalidades de tácticas
del lobbying directo e indirecto. Consciente de ser un proceso de
comunicación planificada y estratégica, tanto el lobbying directo
como el indirecto utilizan la misma metodología para organizar los
procesos de cabildeo. Adaptando el modelo de Xifra, la metodología
se constituye de cuatro partes no necesariamente ordenadas:
Investigación contextual, Estrategia, Configuración y Aplicación de
las Tácticas, y Evaluación.
Además de compartir la metodología general del
proceso, ambos tipos de lobbying (directo e indirecto) se nutren de
modelos comunicativos masivos, funcionalistas y no sistémicos que se
inspiran, primeramente, en el modelo de comunicación de Lasswell y
que, además, toman varios elementos de diferentes modelos de la
comunicación política como la retórica aristotélica y el marketing
político.
Un modelo tradicional del proceso comunicativo
del lobbying se aprecian
en el prototipo moldeado por Jordi Xifra que se enmarca en las
relaciones públicas, pues él considera que el cabildeo es una
herramienta de ella. Las partes de este prototipo comunicacional son
las siguientes: Quién, o la fuente o emisor de la comunicación - Qué
dice, o el contenido del mensaje – Cómo, o la forma del mensaje -
Por qué canal, o los medios y sus soportes - A quién, o el receptor
- En qué situación o condición - Para qué, u objetivos concretos del
receptor u objetivo de decisión - Sobre qué, o el referente del
mensaje - Para qué, o propósitos de la fuente u objetivo de
comunicación - Frente a quién, o la(s) fuente(s) adversa(s) - Contra
quién, o los mensajes contrarios o antagónicos - Con qué efectos, o
consecuencias del mensaje.
Matriz
Adaptada del Lobbying Directo Legislativo
Como se ha descrito anteriormente, los
prototipos del proceso comunicacional que implica el cabildeo
directo e indirecto han sido estudiados conscientes de su dimensión
persuasiva, mas restringiendo ésta a un nivel masivo. Por tal, y
reconociendo que el objetivo de cualquier acción de lobbying es
persuadir al decisor público, proponemos una matriz de lobbying
directo que pretende acercarse al nivel interaccional de la
comunicación “cara a cara”.
Esto
no significa romper con todo lo que se ha hecho hasta ahora, a pesar
de ser una adaptación de la comunicación masiva al nivel
interpersonal, sino más bien se pretende cuestionar la tradicional
linealidad de ese modelo incorporando la teoría de sistemas a la
dimensión del “cara a cara” y, por tanto, complejizar la
interacción.
Usar
la lógica sistémica permite, a través de la complejización de la
mirada, entender al lobbying no como un producto aritmético, sino
como una emergencia provocada por las interacciones de los sistemas.
La lógica que proponemos tiene como premisa una visión ecológica
social. Ésta consiste, como afirma Edgard Morin, “en percibir todo
fenómeno autónomo en su relación con el entorno”. (1998, 101) En
definitiva, el pensamiento
complejo inherente a la mirada sistémica, no considera al objeto
como uno descomponible en unidades elementales, sino como sistema /
organización.
Ver al lobbying
directo como una emergencia, significa, además, tener presente otros
principios como: Los actores que intervienen en el lobbying directo
son sistemas auto- eco organizadores. Es decir, tienen la capacidad
de reorganizarse ante las desorganizaciones o evolucionar ante lo
nuevo, por lo que el sistema se autorregula. No pueden ser, por
tanto, vistos como actores restringidos y rígidos. Forman parte del
tejido de la realidad y son influenciados en cada momento por ese
entramado.
En la relación entre los actores del lobbying directo, la
causalidad no sólo es lineal y externa. Es absurdo pensar que en esa
relación sólo hay transacción e interacción, sino que, además, hay
recursiones y retroacciones. Por tal motivo, en la relación entre
los agentes del proceso de lobbying directo, se debe tener en cuenta
el principio de incertidumbre ineliminable. Cuando se actúa al nivel
de sistemas, el resultado no solamente depende de la acción o de la
intención del agente.
Para
comenzar a describir esta matriz, es conveniente enumerar los
agentes que participan en el lobbying directo legislativo chileno.
Identificamos a los actores directos indispensables para la
realización de este proceso, además de sus grupos de referencia
inmediata[2], es decir, a
aquellos a los cuales responden y, muchas veces, tienen una relación
simbiótica: Los lobbistas, como actores fundamentales, y los grupos
de interés o de presión, indistintamente[3], considerados
en sus grupos de referencia inmediata.
En
tanto, ya sea legisladores como sus
asesores son
sujeto de lobbying por parte de los grupos de presión y / o interés,
por tanto, son considerados actores en el lobbying directo. Para los
asesores puede que los partidos políticos san en determinados casos
parte de sus referencias inmediatas, mientras que lo son, junto con
el electorado, para los parlamentarios.
En términos más específicamente contextuales,
entendemos a los lobbistas como los actores que se dedican a las
labores de cabildeo, en este caso, dirigidas a los legisladores
chilenos y / o a sus respectivos asesores, ambos, en ejercicio de
sus funciones. Se reconocen tres clases de personas que realizan
esta actividad: Los lobbistas profesionales, los insiders de los grupos de
interés y los
pertenecientes a estudios de abogados.
Por su parte, los grupos de interés o de presión,
indistintamente, no son un concepto que tenga sustancia de suyo. En
otras palabras, estos grupos no “son” sino más bien “se hacen” por
una decisión estratégica que surge de la evaluación de las condiciones de su ambiente.
Más bien, el apellido “de interés” o “de presión” (aún siendo
diferentes) es una identidad pasajera que emerge obligadamente de
una relación entre dos o más actores en conflicto, por lo cual se
presume que, cuando aquél desaparece, el grupo de presión o interés
pierde su condición de tal, hasta que aparezca otra crisis en la que
se sienta llamado a intervenir.
En el caso de los Parlamentarios, la
principal función de los legisladores del Senado y la Cámara Baja,
es la formación de las leyes y la aprobación de los tratados
internacionales. Funcionan
ambas corporaciones, básicamente, en sesiones de Comisión y de
Sala.
Por otro lado, los asesores parlamentarios son
aquellos profesionales que, si bien no son elegidos por votación
popular, trabajan en conjunto con los legisladores en las
disquisiciones previas a la votación de una ley, ejercicio
exclusivamente de los parlamentarios. Su crecimiento parece ser
exponencial con la complejidad de las leyes que se trabajan en el
Congreso[7].
En el caso de los partidos políticos chilenos,
según A. Valenzuela se caracterizan porque se deben “a tres
escisiones generativas, o divisiones societales de fondo, que se
manifestaron en distintas épocas: centro- periferia, religiosa
(Estado contra Iglesia) y de clase (trabajador contra empleador)”
(5) Por su parte, para
Agüero y Tironi, en la actualidad existe un sistema de partidos
bipolar moderado (“Concertación” y “Alianza por Chile”), producto de
la división de los ciudadanos en el plebiscito convocado en 1988 y
que, en tendencias generales, continuaría reproduciéndose hasta la
actualidad. Esta fisura no sería más que la dupla
autoritarismo / democracia. J. Samuel Valenzuela, no obstante, se
muestra en desacuerdo con aquélla, en tanto es “una división creada
por el acontecer político chileno, no por grandes rupturas sociales
históricas”. (275)
En cuanto al electorado chileno (y producto de
su estrecha relación con el sistema de partidos), se caracteriza por
una menor volatilidad que otros países, cuestión que para J. Samuel
Valenzuela, no se explica por la fuerza de la estructuración del
electorado en dos bloques, sino porque el electorado chileno
tradicionalmente se ha informado “y el voto leal a los distintos
partidos o, más generalmente, a las tendencias políticas sigue
siendo un voto más o menos seguro.” (285) Este electorado fiel no
cambiaría con un vuelco en la abstención electoral ni en los
votos nulos y blancos.
Ahora bien, ya revisadas las características de
los actores y grupos de referencia inmediata del lobby directo
legislativo chileno, se puede afirmar que, según los estudios
tradicionales sobre el lobbying, este último forma parte de la
comunicación institucional que el grupo de interés o presión
establece con su medio ambiente, específicamente dirigido a los
poderes públicos, con el objetivo de lograr un fin determinado.
Abstraer al cabildeo directo de aquello sería, simplemente, negar su
naturaleza. No
obstante, sostener que el lobbying directo es únicamente un producto
de este tipo de
comunicación parece igual de inapropiado y mutilador de su
esencia. Es justamente la dimensión interpersonal la que le da su
carácter particular al lobbying directo.
Conjugando esta doble dimensión de comunicación
institucional e interpersonal, logramos establecer que el carácter
del lobbying directo es tanto de contenido como de relación. El
contenido no lo da el lobbista, sino el grupo de interés o presión
en su dimensión institucional. La relación, en cambio, la da el
lobbista en la misma comunicación interpersonal que establece con su
objeto de lobbying. El lobbista es un personaje especializado en
establecer relaciones ante sus objetivos a seducir, adaptando muchas
veces la “forma” de los argumentos (sin cambiar el contenido) en pos
de que esa relación sea eficaz.
Ahora bien, en esta dimensión relacional entre
el lobbista – legislador / asesor, se cuenta con ciertas
particularidades contextuales que un modelo de comunicación masiva
ignora: En primer lugar, se da en un tiempo y espacio precario. Esta
última denominación, por una parte, porque los escenarios y los
tiempos casi nunca los maneja el lobbista y por lo tanto se apartan
mucho de las condiciones ideales para la eficacia de la acción. Por
otro lado, el lobby, justamente, en su acepción inglesa determina un
pasillo, una antecámara, en definitiva, un lugar de paso.
En segundo lugar, porque esta relación dista de
sólo tener como participantes a los actores lobbista – parlamentario
/ asesor. Como ya ha sido expuesto, aquí se juegan intereses mucho
más amplios que los de los actores, por lo cual se termina con la
lógica lineal de la relación y estalla con posibilidades de
extenderse en ejes infinitos.
En tercer lugar, la relación que se establece en
el lobbying directo se encuentra permanentemente influida por la
legitimidad del ejercicio del cabildeo en Chile. No sólo debido a
que, para lograr seducir en una relación interpersonal se deben
legitimar los actores, sino también porque el ejercicio del lobby
como industria en Chile es novel y, por ende, prácticamente
desconocida, razón por la cual de manera permanente es confundido
con el tráfico de influencia y la corrupción. Además, pretende hacer
su entrada institucional en el país cuando se evidencia la crisis
política debido al acercamiento y muchas veces superposición de lo
público y los intereses privados.
Finalmente, en esta lista de peculiaridades
contextuales de la relación interpersonal, pero no por eso menos
importante, se encuentra un elemento que en ningún texto de la
bibliografía específica revisada sobre lobbying es nombrado si
quiera como interviniente en el proceso comunicacional: La
comunicación no verbal. Es probable que esto ocurra por el
desconocimiento que se tiene de la dimensión interpersonal del
lobbying directo y, por tanto, el olvido en que ha caído lo que
significa que la comunicación sea relacional: No sólo hay un aspecto
verbal argumentativo, sino también uno que comprende emisiones de
signos activos o pasivos constituyentes o no de comportamiento, a
través de sistemas no léxicos somáticos, objetuales y ambientales
contenidos en una cultura.
Es imperante, por tanto, que cuando se emprenda
el análisis de una acción de lobbying directo, tener conciencia de
la codificación e interrelaciones de las conductas verbales y no
verbales en la interacción. La ignorancia generalizada de la
comunicación no verbal parece restar herramientas de seducción al
cabildeo:
“Sabemos, por ejemplo, que podemos manipular
esos signos comunicativos (no verbales) y con ellos a las personas
–y de hecho se hace conscientemente y hasta se instruye a la gente
en ciertos medios- pero también sabemos que podemos usarlos para
percibir actitudes y sentimientos que tal vez de otra forma no
advirtiéramos, así como para comunicar a los demás lo que a veces
pueda que sea sencillamente inefable”. (Poyatos, 20)
Hallazgos del
trabajo de campo...
Surgen similitudes en los
relatos recogidos, al momento de especificar la esencia del lobby o
su herramienta más efectiva y eficaz: los contactos “cara a cara”.
Es, en definitiva, en el cabildeo directo donde se jugaría la
verdadera persuasión y, por tanto, es el que a los parlamentarios
les urge regular. Aquello es un
espaldarazo a nuestra idea de que no era prudente reducir al
lobbying directo sólo a una herramienta institucional. Si bien el
contenido de la comunicación está dado por los intereses de los
actores privados y, por tanto, de la comunicación institucional, en
el lobby “cara a cara” hay una dimensión relacional fundamental para
que ese contenido llegue en forma adecuada al decisor público.
Por otro lado,
si bien en un primer momento pareció una práctica definida por los
pasos a seguir, por los objetivos perseguidos o por la participación
de ciertos actores, el lobbying se denuncia como un fenómeno
eminentemente discursivo, con una autodeclaración lingüística o
simbólica de identidad al momento de establecer una comunicación a
un nivel interpersonal. El fenómeno de la legitimidad estará
influido justamente por la declaración de intenciones por parte de
los actores involucrados y la aceptación mutua del otro como
interlocutor válido: como lobbista y como sujeto de lobby.
Lo anterior no
significa, sin embargo, que los procesos y actores carezcan de
importancia, la forma (y la formalidad) será justamente lo que
posibilitará que el otro participante de la comunicación
interpersonal entienda esa comunicación específica como un proceso
de lobbying y no otra cosa. Los simbolismos inherentes en la
práctica del lobby transmitirán, en palabras de Luhmann, complejidad
reducida, posibilitando así, una comunicación más expedita. Es
decir, los participantes del proceso de comunicación en el cabildeo
directo sabrán que se encuentran inmersos en este proceso específico
sin hacer necesariamente una declaración explícita o reiterativa. De
ahí que la comunicación no verbal se instale como un componente
fundamental a la hora de hacer lobbying.
Respecto a los hallazgos específicos de esta
investigación, uno de ellos consiste en el perfil y las
características del actor lobbista. Muchas de las particularidades
descritas en la bibliografía y las definidas a priori, fueron
confirmadas: el lobbista debe tener contactos, ser capaz de generar
alianzas, tener conocimientos sobre el proceso de la toma de
decisiones en el Legislativo, saber comunicar sus argumentos en
forma persuasiva y ser honestos, entre otros.
Así, se puede establecer que los lobbistas se
desarrollan en un doble eje vertical constituido por el conocimiento
técnico jurídico y sus habilidades comunicativas. Ahora bien, el
tercer eje transversal en el desarrollo del lobbista, que había sido
definido por la ética, se confirma plenamente en su dimensión de
legitimidad. En otras palabras, el principal rasgo de un lobbista es
su nivel de legitimidad.
Esta legitimidad lograda implica nuevamente una
dimensión relacional, donde una trayectoria, un nombre, una historia
avala la capacidad del lobbista para generar acuerdos y cumplirlos,
generando confianzas en sus distintos interlocutores. Produce una
convicción en el parlamentario de que la persona con la que está
hablando es reconocida entre sus pares, cuyo contacto podría ser
admitido públicamente sin que esto ocasione cuestionamientos de
algún tipo. No sólo importan los argumentos presentados, la
solvencia técnica de éstos, o el momento en que se interviene el
debate, más importante aún resultan las interpretaciones del
legislador respecto al lobbista.
En un aspecto más profundo, los procesos de
cabildeo, al igual que toda la matriz configurada para su estudio,
está cruzada o más bien rodeada por la legitimidad. Ciertamente
resulta interesante observar cómo se modifican estos procesos ante
el fenómeno de su constante necesidad de mostrarse como una
actividad válida, no sólo como un interlocutor válido, para el caso
del lobbista.
A partir de lo anterior, podemos
configurar un binomio ética - estrategia presente en todos las
etapas del proceso de cabildeo, desde las decisiones iniciales, como
la aceptación de representar ciertos intereses hasta el momento
mismo de entregar los argumentos al legislador. El binomio ética -
estrategia, entonces, resulta de gran utilidad al momento de
planificar, ejecutar y evaluar los procesos de lobbying,
ya
sea utilizando la ética como una herramienta estratégica específica
o desarrollando la estrategia en general, con un halo de ética
social.
En otro orden de cosas, nuevamente se detectó
(al igual que en la bibliografía) el desuso e incluso el
desconocimiento de los procesos comunicativos no verbales para
lograr una acción de lobbying certera. Esta ignorancia se asoma
incluso en el proyecto de ley enviado por el gobierno al Congreso
para regular la actividad del lobby. Este define como espacio físico
para las reuniones de cabildeo sólo las oficinas parlamentarias,
desconociendo la multiplicidad de lugares donde se puede llevar a
cabo y donde elementos que están alrededor del contacto mismo de
cabildeo, pueden ser fundamentales para su eficacia.
Pero resulta más llamativo aún que los lobbistas
no consideren relevante el uso estratégico de la comunicación no
verbal. Aquello se puede explicar por la precariedad de tiempo y
espacio con que muchas de las reuniones de cabildeo se realizan,
pero esa justificación sólo delata el poco conocimiento que se tiene
del alcance de la comunicación no verbal.
Esta última permite realzar aspectos de la figura del
lobbista: si éste es el gran gestor de relaciones en el contacto
“cara a cara”, también es un gestor de comunicación no verbal. Y por
ende, si en esa dimensión relacional se juega la legitimidad del
lobbista, este tipo de comunicación es una herramienta para
alcanzarla de manera más certera.
La carencia de aspectos tan relevantes como los anteriores se
explican por un desconocimiento de la dimensión eminentemente
relacional del lobbying directo. He ahí la gran carencia en su
desarrollo y también su principal desafío: Transitar desde una
comunicación masiva y lineal - propia de paradigmas funcionalistas y
estructuralistas de la comunicación- hacia una comunicación
sistémica con un fuerte énfasis en sus niveles interpersonales.
Pero este tránsito debe ser hecho no en cuanto a renegar de
los modelos comunicacionales en los que se basa el cabildeo
tradicionalmente (Lasswell, la retórica aristotélica, la
comunicación política y el marketing político se hacen presente en
la práctica del lobby), sino que se debe enriquecer ese prototipo
con la dimensión relacional sistémica.
Para concluir y a partir de los hallazgos
bibliográficos y prácticos de nuestra investigación, afirmamos que
el abordaje sistémico complejo de la acción de lobbying directo en
el Parlamento chileno, ha permitido establecer la riqueza conceptual
y estratégica para el ejercicio del lobby cuando se entiende su
dimensión relacional. Asimismo, se han establecido relaciones
insospechadas entre los actores (y los grupos de referencia
inmediata) que, una lógica lineal y masiva, no permitían
aproximar.
En esos
términos, insistimos que entender al cabildeo como una Emergencia y
no como un Producto, es garantía de analizar un fenómeno cruzado por
infinitos elementos interferentes que alejan, conscientemente, la
idea de plantear en este estudio una especie de prototipo del
lobbying directo. Al contrario, y tal como lo habíamos sospechado en
un comienzo, esta investigación no es más que una aproximación a una
realidad caótica, infinita y muchas veces contradictoria.
Bibliografía
·
Berry, Jeffrey M. “Lobbying for the People: The political
Behavior of Public Interest Groups”. 1976, Ediciones Princeton
University Press, Princeton.
·
Guzmán, Eugenio. “Estudios
Públicos Nº 51”. Reflexiones
sobre el Sistema Binominal. Invierno de 1993,
Santiago.
·
Kaufmann,
Margarita. “Comunicación
Política”.
La privatización de la
política. 1994,
Ediciones Fundación Konrad Adenauer, Lima.
·
Luhman, Niklas. “Confianza”. Ediciones Anthropos, 1996,
Barcelona.
·
Poyatos, Fernando. “La Comunicación No Verbal”. Paralenguaje,
kinésica e interacción. 1994, Ediciones Istmo S.A.,
Madrid.
·
Morin, Edgar. “El Método I. La naturaleza de la Naturaleza”.
1999, Quinta Edición, Ediciones Cátedra, Madrid.
·
------------------ “El Método II. La vida de la Vida”.
1998, Cuarta Edición, Ediciones Cátedra, Madrid.
·
Tironi, Eugenio y Agüero, Felipe. “Estudios Públicos Nº 74”.
¿Sobrevivirá el nuevo paisaje
político chileno? Otoño 1999,
Santiago.
·
Valenzuela, Arturo. “Estudios Públicos Nº 64”. Orígenes y características del
sistema de partidos en Chile: proposición para un gobierno
parlamentario. Primavera de 1996, Santiago.
·
Valenzuela, J. Samuel. “Estudios Públicos Nº 75”. Respuesta A Eugenio Tironi y
Felipe Agüero: Reflexiones sobre el presente y futuro del paisaje
político chileno a la luz de su pasado. Invierno 1999,
Santiago.
·
Xifra, Jordi. “Lobbying: Cómo influir eficazmente en las
decisiones de las Instituciones Públicas”. 1998, Ediciones Gestión,
Barcelona.
[7] El legislador puede pedir
asesoría a organismos más amplios como centros de estudio (think thanks) que emiten
informes que son útiles para varios parlamentarios. Generalmente,
estos organismos están financiados por privados con intereses
especiales por algún partido o alianza política.
[8] Los índices nacionales son
absolutamente acordes con las tendencias mundiales. Asimismo, la
obligatoriedad del voto hace difícil aumentar el porcentaje de
inscritos cada año.
[9] Aún cuando los votantes tengan
la clara intención de castigar con su decisión a las dos grandes
coaliciones, y dar preferencia a un partido de la periferia de los
polos, el sistema binominal imperante no le va a permitir tener
representación. Este sistema electoral proporcional, según E.
Guzmán, agrupa a los partidos en dos grandes bloques “independientemente que
estemos o no en presencia de un sistema multipartidista. Dado que
son dos los escaños en disputa (por distrito) los partidos que
insisten en posiciones extremas tienden a quedar fuera”.
(308)
[10]Ricardo Núñez afirma:
“La
política se privatiza cada vez más y aunque yo no lo acepte, esta
situación existe y tiende a profundizarse. ...El día que sometamos
las ideas a las reglas del mercado, las bases de la democracia, sin
duda alguna, se verán resquebrajadas”. (tomado de Kaufmann, 39)
|