Los estudios de recepción en El Salvador - Urgencias y posibilidades[1]

Amparo Marroquín Parducc
i[2]

8:11 p.m. 21 de marzo de 2004 en San Salvador. La televisión está encendida en casi todos los hogares. Si no es la tele, entonces la radio. La gente más necesitada de información está, además, conectada a Internet y desde ahí monitorean los resultados de unas elecciones presidenciales. Para sorpresa de algunos, descontento de otros y regocijo de unos más, el partido de extrema derecha ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) que lleva ya quince años en el poder se proclama ganador con un amplio margen de diferencia. Las elecciones son históricas. Nunca antes un presidente había sido elegido por un sector tan amplio de la población.

Parecería que, por los resultados, ARENA no había sufrido ningún desgaste en el poder. ¿Cómo ha hecho para ganar estas elecciones con una participación masiva en las urnas y con una diferencia contundente , mucho mayor que la de los otros gobiernos de este partido? Los analistas opinan y se dividen. La oposición protesta. El miedo y no la democracia ha ganado la batalla. El partido triunfador y sus adeptos celebran la victoria y no cuestionan ningún elemento del proceso. Sostienen que han ganado de una manera libre y democrática. La discusión continúa y el consenso no llega. Un mes después, los medios y las principales casas encuestadoras realizan la primera evaluación del recién estrenado presidente. En escala del uno al diez, ha obtenido una nota de XXX. La calificación más alta de todos los gobiernos electos de manera democrática en el siglo XX y lo que va del XXI. Sus antecesores habían obtenido las notas de XX y XX.

Los análisis no se ponen de acuerdo de nuevo. Pero lo que sí resulta un hecho incuestionable es que el discurso político desde los medios de comunicación utilizó muchas estrategias, incluso algunas que anteriormente no había utilizado. Hubo una omnipresencia mediática del partido en el poder. Cualquier medio fue bueno para que ARENA hiciera uso de la “libertad de expresión”. Para que utilizara la posibilidad emotiva que muchos estudiosos reconocen en los medios.

           

Y frente a una estrategia mediática protagónica, se vio que era imposible sacar cualquier tipo de conclusión, incluso preliminar, sin ir hacia las personas y entender con ellas los procesos desde los cuales se ha ido haciendo sentido. El análisis de la coyuntura se puede entender desde la interacción de los individuos con los mensajes (Orozco, 2001, pág. 23). De esta manera, en El Salvador se volvió de nuevo urgente preguntarse por la manera de pensar. Se hizo necesario recordar que las matrices de las personas, las mediaciones, el habitus se encuentra anclado en la cotidianidad, en esa “clandestina centralidad” (Reguillo, 2000a) que muchas veces configura nuestras convicciones más profundas.

           

En la actualidad, no podemos entender lo que sucede en El Salvador sin dejar hablar a los actores sociales, a sus sueños, a sus miedos y a su interacción con los medios de comunicación. Los medios des-ordenan sostiene Jesús Martín Barbero (1999, 2000a), mueven de su lugar las certezas y las estructuras que durante mucho tiempo nos acompañaron en la manera de aprender, ver y nombrar el mundo de tal manera que se construye un nuevo paradigma del saber. Parte de la respuesta de lo que ocurrió en El Salvador en marzo de este año puede iluminarse a la luz de las reflexiones que nos aportan los estudios de audiencia.

           

El presente texto busca ser una primera revisión, un estado del arte de lo que han sido los estudios de recepción y de audiencia desde la academia en El Salvador. También busca aproximarse a los trabajos y la investigación que desde otros ámbitos de la sociedad se han elaborado. La sistematización del trabajo académico y de las investigaciones realizada en nuestro país es una tarea que requiere de mucho tiempo y sobre todo paciencia. La cultura de la documentación es algo que todavía necesita una mayor afinación. Por un lado, el acceso a ciertos documentos es problemático. Las bibliotecas de algunas universidades no han logrado recopilar y conservar todas las publicaciones que se han hecho en el ámbito de las comunicaciones. Por otro, este artículo es una investigación de poco más de un mes, y eso ha influido para que la consideremos una primera aproximación. Es muy posible que todavía haya algunos trabajos más, sobre todo inéditos, que tengamos que puntualizar en una versión posterior de este estado del conocimiento. Sin embargo, este itinerario ha sido novedoso. Hay muy poca reflexión sobre lo que en El Salvador y en Centroamérica, en general, se ha elaborado desde las comunicaciones.

           

Divido mi exposición en tres momentos. En un inicio me aproximaré a la conformación del campo académico de la comunicación. El surgimiento de las carreras en las distintas universidades con un comentario rápido sobre el trabajo que desde cada institución se ha realizado. En un segundo momento, me acercaré al trabajo sobre recepción y audiencias. Para enmarcar el proceso retomaré algunas voces que ilustran la discusión latinoamericana sobre el tema y, desde ellas, trabajaré un primer itinerario de lo que ha sido la investigación sobre recepción en El Salvador. Finalmente, propondré algunos desafíos y posibilidades que encuentro en esta discusión que, desde los procesos actuales de nuestra sociedad, cobra especial relevancia y tiene todavía mucho por caminar.

 

1. El campo académico

 

Más que una disciplina, más que un saber especializado, la comunicación trata sobre un nuevo modo de nombrar e ir a la realidad.

N. Wienner citado por Jesús Martín-Barbero

                                        

La historia de la comunicación y su configuración en el campo académico de El Salvador, este pequeño territorio centroamericano, es relativamente reciente. En el año de 1955[3], la Universidad Nacional de El Salvador imparte los primeros cursos universitarios de Periodismo, desde el Departamento de Filosofía y Letras. Estos cursos son respaldados por la Asociación de Periodistas (APES) y algunas empresas de comunicación. La Licenciatura en Periodismo inicia de manera formal en el año de 1958. Con esta carrera se buscó llenar el vacío de reflexión formal académica que existía en el país, pues ya había muchos comunicadores y periodistas trabajando en distintas empresas y medios. La exigencia de ese momento fue la de profesionalizar a los empíricos.

           

En 1978, se creó la Escuela de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Dr. José Matías Delgado, institución privada que, en la actualidad, cuenta ya con una amplia trayectoria en esta disciplina. Ambas universidades siguieron las reformas establecidas por CIESPAL y ubicaron el periodismo como una disciplina dentro de la comunicación. La Universidad Matías Delgado tuvo un planteamiento muy generalista[4]. Ahondaba en la literatura, el arte, la economía, pero no existía ningún proceso de especialización.

           

En 1986, otra universidad privada, la Universidad Tecnológica, incorporó en su oferta académica la Licenciatura en Relaciones Públicas y Comunicaciones y el Técnico en Periodismo. Durante la década de 1980, debido a la guerra civil que se desarrollaba en la sociedad salvadoreña, la disciplina de la comunicación experimentó una creciente demanda; los periodistas internacionales que cubrían para las agencias noticiosas los procesos políticos y sociales apremiaron a cambios en la manera de ejercer el periodismo. Además de estas demandas, la intervención de la Universidad Nacional influyó en el hecho de que muchas Universidades privadas incluyeran la carrera de Comunicación y Periodismo en sus ofertas.

           

La Universidad Centroamericana (UCA) por su parte, ofertó la especialización en medios de comunicación dentro de la Licenciatura en Letras desde finales de los años 1980. Y es hasta 1990 que inició la Licenciatura en Comunicación y Periodismo. El enfoque era, de nuevo, generalista y las preocupaciones mayores tenían que ver con los medios de comunicación. Unos meses antes, a mediados del año 1989, la Asociación de Periodistas de El Salvador, APES, realizó el seminario sobre El periodismo en una sociedad en crisis y publicó posteriormente una transcripción textual de las intervenciones de cuatro destacados intelectuales salvadoreños, dos de los cuales, el Dr. Ignacio Ellacuría y el Dr. Francisco José Guerrero, fueron asesinados en los meses posteriores (APES, 1990); el pensamiento del Dr. Ignacio Ellacuría s.j., rector de la Universidad Centroamericana y su posterior asesinato influyó mucho en la conformación de la Licenciatura ofrecida por dicha institución.

           

El contexto sociopolítico del país, en esos momentos, era complejo para el ejercicio del periodismo y para la reflexión sobre comunicación. El enfrentamiento armado se prolongó hasta el año 1992. En ese año se dio la firma de los acuerdos de paz. Sin embargo, los procesos de democratización del país todavía continúan afinándose. Esta realidad no sólo matizó las propuestas académicas sino, en muchos casos, hizo más difícil la investigación.

           

En un país en guerra y con estructuras autoritarias muy fuertes, la reflexión de los primeros años giró en torno a los medios de comunicación y la libertad de expresión[5]. Ya sea moviéndonos de los medios hacia las mediaciones, desde la propuesta de Martín Barbero (1998), o reflexionando desde otras teorías sobre los medios de comunicación y los mensajes, las posibilidades de sistematizar las experiencias fueron muy reducidas. Es en los últimos diez años que encontramos la discusión más extensa; sobre todo, desde la investigación realizada a través de los trabajos de graduación y tesinas de muchos estudiantes y, en cierta medida, a partir de la investigación realizada por docentes. Al mismo tiempo es en los años cercanos ya al 2000 que los estudios de posgrado empiezan a cobrar importancia y la investigación se vuelve un proceso innegociable para iluminar la reflexión desde la realidad salvadoreña.

           

¿Qué papel jugaron los estudios sobre recepción en la investigación que se ha hecho en el país? ¿Cuál es el itinerario? ¿Cuáles son las propuestas teórico metodológicas que se siguen? De estas interrogantes me ocupo en el siguiente apartado.

 

2. Los itinerarios de la recepción

Los estudios de recepción no son un tema nuevo. Llevan ya un largo camino recorrido en América Latina. El Salvador no ha sido la excepción en el “parto largo y difícil”. Mucho tiempo y discusiones han pasado en nuestros países antes de lograr “sacudirse la racionalidad propia de los estudios de efectos de los medios con su concepción segmentativa y, a la vez, simplista y reduccionista del proceso de la comunicación como uno compuesto por dos momentos diferenciables: la emisión y la recepción” (Orozco, 2002, pág15). En nuestro país, esta discusión apenas y se ha llevado a cabo. Las publicaciones académicas son muy reducidas e incipientes y la cultura de la discusión interinstitucional, del intercambio entre distintas universidades, es algo que apenas se ha iniciado.

El término de recepción es un concepto amplio. En muchos espacios aparece ligado a la audiencia y, en otros, cada una de estas palabras implica matices particulares. Para algunos, el término de audiencia puede resultar ambiguo. Este término hace énfasis en la necesidad de reflexionar la comunicación ya no solo desde su aspecto de producción técnica del mensaje, sino desde la realidad cotidiana donde es interpretada y donde otras realidades influyen en lo que el público hace con este mensaje. Los retóricos fueron los primeros en manifestar esta necesidad de conocer al otro para convencer. En la actualidad, y sobre todo en castellano, el término se ha asociado con el marketing. El sociólogo español Javier Callejo distingue cuatro elementos fundamentales para entender este concepto: a)una sociedad de consumidores b) medios de comunicación masivos c) anunciantes interesados en el conocimiento de la proyección de sus inversiones en publicidad y d) investigación empírica (Callejo, 2001,17). La propuesta teórica de Orozco (2000a, 113-128) sobre las múltiples mediaciones que atraviesan a la audiencia matiza mucho mejor este concepto. Thompson (1998, 62 y sig.), por su parte, sin hablar de audiencias pero sí de recepción, caracteriza el proceso como activo, hermenéutico, situacional, rutinario y habilidoso. La noción tradicional de audiencia se ve trastocada a partir de la interacción que se posibilita con medios como Internet y la televisión digital, donde la comunicación es más que una “actualización del sentido unilateralmente generado o difundido” (Fuentes, 2000, 53).

En otros momentos, también el término recepción ha sido criticado desde distintos estudios justamente por esa generalización a la que hace referencia, criticado por ser “epistemológicamente insuficiente para entender el complejo, largo y variante proceso de reconstrucción de sentido que busca designar, explorar y comprender” (Orozco, 2000b, pág. 112). Aún así la recepción es el concepto que abarca en América Latina las investigaciones y propuestas que trabajan y reflexionan sobre los actores sociales y la interacción que se establece entre ellos y los medios. Cada vez se nos vuelve más urgente matizar esta concepción que tenemos de actores sociales que se ve problematizada desde distintos abordajes (Reguillo, 2000b, pág. 33).

           

De alguna manera, pues, los estudios de recepción intentan abarcar ese espacio de confluencia entre la comunicación y la educación que Raúl Fuentes considera “quizá el más importante pero difícil de explicar, el de las prácticas cotidianas, el de las acciones y las interacciones situadas, el de los proyectos que los sujetos impulsan y confrontan para constituir sus identidades y hacerlas prevalecer socialmente” (Fuentes, 2000, 64). En ese espacio fronterizo se mantiene la discusión por la recepción.

           

En El Salvador, los estudios sobre las audiencias y la recepción iniciaron como estudios de rating para medir las posibilidades de colocar a los anunciantes. Los principales pre-ocupados por el tema eran aquellos que trabajaban el marketing. Esta pre-ocupación tuvo algunas desventajas, quizá la principal que podamos anotar en este espacio es el hecho de la poca rigurosidad de los acercamientos. Muchas veces al analizar los resultados estos estudios cuantitativos mostraban datos que nos hacían caer en la sospecha: “en la mayoría de los casos, consta que los patrocinadores aparecen en los primeros lugares (…) la mayoría de investigaciones realizadas en esta área corresponden a estrategias mercadológicas y, sin duda, a la sociología empírica” (Cantarero, 2003). La academia tuvo muy poco que ver con estas aproximaciones al consumo de los actores sociales.

           

Otro espacio de investigación, que se lleva a cabo desde distintas instancias, fue y continúa siendo el que busca saber las preferencias políticas de las audiencias y su intención de voto. En ciertos momentos, el interés por estos estudios vino de la intención de evaluar campañas políticas y asegurar el gane de los partidos, en otras ocasiones se buscó propiciar una propuesta de educación crítica e historizada. Desde los medios y desde la misma academia se ha reconocido que “los productos de los sistemas dominantes de medios son la principal fuente de imágenes y significaciones que crean los diagramas y las gramáticas de las relaciones sociales” (Calles, 2002, pág. 143).

           

Este es el caso de lo que sucedió en las elecciones de marzo de 2004 que comentaba al inicio del artículo. En El Salvador hay algunas muestras de esta preocupación. Mario Cantarero ha hecho algunas aproximaciones al tema de las audiencias políticas (2002a y 2002b) y José Manuel González (2004) planteó un interesante estudio de la narrativa propagandística creada durante la campaña electoral. Para ello utilizó las categorías semióticas greimasianas y se aproximó a las simbolizaciones y usos que en los sujetos sociales estaban sucediendo a partir de la campaña política presidencial.

           

Uno de los hechos que se evidenciaron en el estudio de González fue el adecuado acercamiento al imaginario y al sentimiento social salvadoreño propiciado por ARENA en su propaganda política. El partido de derecha centró su propuesta en las expectativas individuales de desarrollo económico, la manipulación de las esperanzas del pueblo salvadoreño propició una atmósfera impróvida en la ciudadanía que facilitó la omnipresencia del sistema dominante.

           

Estos estudios sobre las preferencias de las audiencias continúan de manera sistemática, tanto con fines mercadotécnicos como políticos o académicos. El último trabajo, fue publicado el día miércoles 29 de septiembre de 2004 por el periódico matutino La Prensa Gráfica, fue un sondeo telefónico que no tenía como fin “registrar audiencia, sino determinar quiénes son las personas de la televisión que están más metidas en el gusto de los salvadoreños” (Segura, septiembre de 2004, pág. 80). Habría que preguntarse qué entiende el periodista Edwin Segura por audiencia al insistir que su interés no va por registrarla, ¿se refiere exclusivamente al ámbito de la cuantificación? En todo caso su interés se mantiene en el territorio de el otro[6], que es una de las grandes interrogantes del estudio de la recepción.

 

En 1990, Jensen y Rosengren (págs. 207-218) realizaron un estado del arte y sistematizaron las cinco grandes tendencias que, a nivel internacional, habían investigado la audiencia. La primera gran corriente fue la del efecto de los medios; luego la investigación sobre los usos y gratificaciones; posteriormente, el criticismo literario; a continuación los estudios culturales y finalmente lo que ellos llamaron el análisis de la recepción[7]. La discusión metodológica planteada por estas corrientes continúa vigente dentro de distintas academias, y me parece un buen punto de partida para aproximarnos a la investigación salvadoreña.

           

Mario Cantarero señala que “en el lapso de los últimos 35 años, en el ámbito universitario, se han producido aproximadamente 335 trabajos de graduación, (que son) requisitos para obtener la licenciatura en cualquiera de las áreas de la comunicación social”. Distribuye la producción de estos trabajos por década. En la Tabla 1 podemos ver como la cantidad aumenta de manera exponencial hasta llegar a las cifras actuales.

 

Tabla 1: Trabajos de investigación realizados como requisitos de graduación en el área de comunicación en las distintas universidades salvadoreñas.

Década

Número de tesis elaboradas

Porcentaje

1960

1

0.3

1970

21

6.3

1980

71

21.2

1990

242

72.2

Total de trabajos

335

100

                Datos tomados de Mario Cantarero (2003)

 

Los trabajos de graduación son uno de los principales espacios de producción de conocimiento nuevo y local dentro de la academia salvadoreña. Por ello la primer tarea de esta aproximación a los estudios sobre la recepción ha sido cuantificar y sistematizar algunos datos básicos sobre dichos trabajos. No solo hay en la década de los noventa un crecimiento exponencial de estos trabajos sino que, como veremos, la discusión y el interés por los estudios de audiencia va cobrando forma a partir de este crecimiento. En la Tabla 2, se muestran las tesis que retoman el interés por los estudios de recepción. No se incluye el total de trabajos elaborados por cada universidad, sino exclusivamente aquellos que guardan relación con el tema de la recepción y se ubican dentro de alguna de las cinco corrientes enunciadas por Jensen y Ronsenberg. Incluimos además los libros que se han publicado por editoriales universitarias y que guardan una relación directa con el tema de nuestro interés.

 

Tabla 2: Listado de investigaciones sobre recepción elaboradas por las principales universidades de El Salvador

Centro de Estudios

Formato

Enfoque de los trabajos

Principales autores citados[8]

Universidad de El Salvador

5 Tesis

 

 

 

 

 

1 libro

Corriente de estudios culturales y análisis de las audiencias

 

 

 

Análisis de audiencias: televisión

Mario Alfredo Cantarero (5) *

Néstor García Canclini (4)

Jesús Martín Barbero (3)

Mario Kaplún (3)

Jeffey Schrank (2)

Enric Saperas (2)

 

 

Universidad Tecnológica

14 tesis

Corriente de efecto de los medios

No disponibles

 

Escuela de Comunicación “Mónica Herrera”

1 tesis

Corriente de efecto de los medios

Se trabajó con base en encuestas, sondeos y boletines de prensa trabajados por instituciones locales

Universidad Dr. José Matías Delgado

14 tesis

Corriente efecto medios (10)

Corriente de usos y gratificaciones (3)

Análisis de audiencias (1)

Ignacio Martín Baró (6) *

Mario Alfredo Cantarero (6)*

Umberto Eco (3)

Miguel de Moragas (3)

Roman Gubern (3)

Joan Ferres (2)

Guillermo Orozco (2)

Jesús Martín Barbero (2)

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas

2 tesis[9]

Corriente efecto de los medios

Ignacio Martín Baró (8) *

Eduardo Stein (5) *

Berger y Luckmann (2)

Armand Mattelart (2)

Universidad Francisco Gaviria

2 tesis

 

1 libro

Corriente efecto de los medios

Análisis cuantitativo de audiencias

No disponibles

Total de trabajos

40

La corriente de efecto de los medios es la dominante

Mario Cantarero e Ignacio Martín Baró son los autores más citados en los trabajos revisados

 

La mayor parte de las investigaciones revisadas están enfocadas desde la corriente del efecto de los medios; ese planteamiento que insiste en descubrir cómo el medio influye sobre los consumidores. Muchos estudios son, en este sentido, un intento positivista de aproximarse a un problema complejo que desborda los números al entrar en el terreno de lo cultural. Para hacernos una idea aproximada, el caso de la Universidad Tecnológica es ilustrativo. De los 14 trabajos de graduación que se encuentran disponibles y que se ocupan del tema de la recepción[10] –término que de hecho no aparece, sino en todo caso se menciona las audiencias- 11 tienen en el título la palabra influencia, y tres más llevan en el título la palabra efecto. El enfoque en la gran mayoría de trabajos es completamente cuantitativo.

           

En la gran mayoría de los estudios se evidencia la presencia de la psicología conductista. En distintos trabajos aparecen citados psicólogos como Bandura para explicar el comportamiento de los actores sociales y su interacción con los medios. El planteamiento se mantiene: la influencia que ejercen los medios de comunicación sobre las audiencias es un efecto que se deja medir numéricamente. González (comunicación personal, 6 de octubre de 2004) insiste en que esta filiación clara a la cientificidad de las estadísticas alude a una larga tradición de enseñanza bancaria que de algún modo concibe a los destinatarios del mensaje como simples receptores que validan, justifican y repiten los esquemas presentados por los medios y certifica la poca atención a la dinámica social de retroalimentación entre mensaje emitido y mensaje recibido que va modificando el discurso y construyendo otros textos para interactuar en la sociedad.

           

Sin embargo, no podemos generalizar. Encontramos siempre propuestas interesantes que salen de los lugares comunes y de los estudios cuantitativos que, aunque fundamentales, nos dejan entrever solo una parte de la complejidad de la recepción. Autores de América Latina que representan distintas corrientes teóricas aparecen como referentes y muestran un cuadro de diálogos y contrapuntos.

           

La única institución que plantea el término de recepción en todos su trabajos es la Universidad Nacional de El Salvador. Los trabajos elaborados ahí sobre el tema de recepción inician en 1996. Desde ese momento plantean ya algunas aproximaciones cualitativas al fenómeno que nos interesa. Da la impresión que esta aproximación, más que ser el resultado de un proyecto académico consolidado por los docentes de dicha academia, responde al interés del profesor Mario Cantarero que es quien ha dirigido todas las investigaciones. Los temas de estos trabajos se muestran en la Tabla 3.

 

 

Tabla 3: Listado de títulos de tesis y metodología utilizada en la Universidad de El Salvador

Centro de estudios

Títulos de tesis

Metodología

Fecha

Universidad de El Salvador

Recepción de prensa en los estudiantes universitarios del área metropolitana de San Salvador

Cuantitativa

1998

Universidad de El Salvador

Recepción de programas infantiles de televisión de niños de 5 a 10 años en el departamento de San Salvador

Cuantitativa

1998

Universidad de El Salvador

Recepción de radio en el sector femenino en El Salvador: análisis cuantitativo

Cuantitativa

1997

Universidad de El Salvador

La recepción de cine en El Salvador: un acercamiento socio-cultural

Cualitativa

1997

Universidad de El Salvador

La recepción radial en El Salvador: una aproximación cualitativa

Cualitativa

1996

 

Un dato que quiero destacar, tanto en el caso de los trabajos elaborados por la Universidad de El Salvador, como por los otros centros de estudio, es que la preocupación se enmarca con mucha fuerza en el análisis de los procesos de recepción urbana. Sobre todo, en la capital, San Salvador. De los trabajos realizados, 7 de cada diez se enmarcan en el espacio urbano, dos de cada diez no especifican la ubicación geográfica de sus audiencias y uno de cada diez se circunscribe al ámbito nacional. No hay un solo trabajo que delimite su investigación exclusivamente a un espacio completamente rural, al menos de manera explícita[11].

           

Se podría argumentar frente a esto que la recepción es algo específicamente urbano y que, finalmente, asistimos a un proceso de urbanización de lo rural que cobra cada vez mayor fuerza. Creo que en El Salvador este concepto de urbanización debe matizarse. Aunque la pérdida del trabajo agrario ha sido muy fuerte hay una serie de categorías culturales que continúan presentes incluso en la ciudad, o ancladas en pueblos cuya economía depende del comercio, la maquila y las remesas, y que tienen mucho que ver con lo rural. Hay zonas del país que dependen todavía de la agricultura y cuya transformación se da muy lentamente y, en muchos casos, como manifiestan sus mismos habitantes, sin siquiera estar preparados.

           

Aunque la recepción que se produce en las ciudades es muy importante y tiene características particulares, los trabajos evidencian el vacío que existe en las aproximaciones a los espacios rurales. Insisto en que la conformación del perfil de audiencias es aquí algo muy complejo. El Salvador ha pasado de ser un país mayoritariamente agrícola, a sostenerse gracias a las remesas que los migrantes envían a sus familias. Según datos del Banco Central de Reserva, las remesas han crecido pasando de US $322 millones en 1990 a US $2,105.3 millones en el año 2003 (La Prensa Gráfica, 10 de julio de 2004). Un dato interesante que ayuda a ilustrar la importancia de los migrantes en la actualidad es ver el cambio en la estructura de la fuente de divisas. En el año 1978 las remesas del extranjero representaban un 8% del ingreso al Estado contra un 81% representado por las agroexportaciones tradicionales; en el año 2002, las remesas representaban ya un 86% de las divisas, contra un 6% de las agroexportaciones tradicionales (PNUD, 2003). ¿Cómo se vive desde el ámbito rural esta urbanización, esta descampesinización? Y, ¿en qué afectan estos procesos al consumo cultural simbólico?

           

La gran mayoría de los migrantes pertenecen al espacio rural del país y este fenómeno no solo ha reconfigurado la estructura económica, sino también ha desplazado el consumo mediático y simbólico hacia ciertas ofertas culturales[12]. La televisión ha cobrado una importancia mayor desplazando a la radio e Internet ha multiplicado exponencialmente en más de un 2000% entre las audiencias del país. Aún así, estos estudios todavía no se han trabajado con detalle, y las aproximaciones que hay permanecen inéditas.

 

Un elemento fundamental al trabajar la recepción es el medio del cual se ocupan los estudios. Como bien ha señalado Orozco (2000, pág. 112), se debe entender la recepción “como una interacción mediática particular, cuya particularidad precisamente debiera definirse, no por sus adjetivos que la califican, sino por el medio que involucra: tele y cine-videncias, escucha radiofónica, lectura”. La preocupación por estos consumos diferenciados a veces no es muy evidente, pero en la gran mayoría de los casos los estudios se enfocan a recepciones diferenciadas. Esto se muestra de una manera sistemática aparecen en la Tabla 4. Los criterios desde los cuales se decide analizar la audiencia de un medio y no de otro pasan en muchos casos por razones muy subjetivas, pues aunque la televisión y la radio son los medios más consumidos por los salvadoreños, son las audiencias de la televisión y la prensa escrita las que poseen la mayor cantidad de investigaciones.

 

Tabla 4: Distribución de los trabajos de investigación sobre recepción de las universidades a partir del medio consumido por las audiencias

Tipo de trabajo

Radio

Prensa y medios escritos

Televisión

Internet

Todos los medios y publicidad

Tesis

3

10

16

 

3

Libros

 

 

1

 

2

 

La conciencia sobre esta recepción diferenciada se ha trabajado de manera más detallada en cinco trabajos inéditos elaborados por Mario Cantarero con estudiantes de la Universidad José Matías Delgado, donde se trabaja de manera detallada la audiencia de la televisión, la radio, y los hábitos de lectura, tanto en el año 2000 como en el año 2001. Otro trabajo de la Universidad Centroamericana se aproxima al fenómeno haciendo un análisis de la recepción y los discursos de los maestros de escuela en El Salvador. Ahí se reflexiona sobre las posibilidades y las confrontaciones que existen en la escuela al hablar y escuchar; leer y escribir; telehablar y telever, e hiperescribier o hiperleer (Marroquín, 2003). La gran ausente de estos trabajos continúa siendo Internet, a pesar que el crecimiento de dicho consumo en El Salvador es de un 2,152% desde 1997 hasta el año 2004 (Chorro y Balcáceres, 2004). Un estudio pionero lo realiza en estos momentos la catedrática de la Universidad Centroamericana, Ivón Rivera.

           

En cuanto a las revistas impresas, son muy pocas las que en un país de 6 millones de habitantes consiguen pasar más allá del primer número. La cultura de la “actualización de la información” a través de la lectura periódica no se encuentra muy difundida. Aunque de nuevo faltan más estudios que corroboren estas intuiciones. En todo caso se mantienen dos revistas en línea[13], pero en ninguna aparece trabajada de manera evidente la temática de la recepción.

           

La publicación de libros sobre temas de comunicación que se anclen en la realidad local es un camino que está apenas iniciando. Me gustaría destacar tres publicaciones que desde este formato he recopilado. Uno de los enfoques es el utilizado por el periodista Francisco Figueroa, que en su libro El Pulgarcito en la globalización. Comunicación para un nuevo milenio concibe la audiencia como “el cuarto actor de la comunicación de masas, donde no existen individualidades sino sectores sociales ya catalogados” (2000, pág. 72). La excesiva simplificación del problema cultural de las audiencias no logra encontrar cabida en su discusión sobre los procesos de comunicación masiva en El Salvador. De hecho este libro no está dedicado al tema de las audiencias y lo toca de manera más bien teórica, pero sin establecer un diálogo con las distintas corrientes que han discutido el tema.

           

Por su parte el libro de Walter Raudales sobre Opinión pública y percepción (2004) se limita a una recopilación cuantitativa que, aunque necesaria, no llega a enfrentarse con la compleja simbolización identitaria de la realidad que se da a través de los medios y a los múltiples procesos de seducción y negociación que los actores sociales establecen en esta relación. Este libro ha sido producido por el Centro de Opinión Pública de la Universidad Francisco Gavidia, que además de esta publicación impresa, mantiene en su página web[14] la información detallada de los estudios de opinión que desde la institución realizan. Dos problemas aparecen en esta propuesta. Primero la falta de unicidad de los estudios de audiencia presentados. El libro abarca desde las opiniones de los jóvenes, pasa por la percepción que la población tiene sobre el dengue y llega hasta el tema político de la intención de voto para las elecciones presidenciales del 2004. El otro problema del texto es que, al privilegiar el dato cuantitativo, las conclusiones caen en una crítica ilustrada y lejana que poco contribuye a la discusión académica en un contexto donde muchos actores sociales se juegan su exclusión. El caso más evidente es el de los jóvenes, que han sido marcados por la nueva versión de la ley antimaras, que el gobierno de ARENA lanzó en agosto de 2004. La ley “supermano dura” condena entre otras muchas cosas el uso de los tatuajes en el cuerpo. Muchos jóvenes universitarios han sido objeto de abusos policiales por llevar en su cuerpo una demarcación simbólica tan común entre las nuevas generaciones. El libro de Raudales caracteriza a los jóvenes salvadoreños como una “generación cómoda” desde el eterno “mal de ojo de los intelectuales” (Martín Barbero, 1999) que cuestionan la incapacidad de los jóvenes de soñar dentro de un sistema que brinda tan pocas posibilidades y dentro de una sociedad que presume de ser expulsora[15]. Dentro del estudio, la Universidad Francisco Gavidia adjudica a los jóvenes calificativos como “pasivos, inmovilizados, con incapacidad de crítica y reflexión (que) prefieren el baile y vagar que leer un buen libro o estudiar” (Raudales, 2004, pág. 34).

           

Una propuesta que resulta mucho más sistemática es el exhaustivo estudio de Julio César Grande que busca proporcionar conocimientos relevantes para “entender la vinculación entre la institución televisiva, su programación comercial, los receptores, la familia, sus condicionamientos tecnológicos e ideológicos y el contexto socioeconómico del país” (1999, pág. 9). Este trabajo inicia con una revisión histórica sobre la televisión, posteriormente trabaja los métodos de investigación sobre los efectos de la comunicación, y se introduce en temas como la violencia, las telenovelas, los dibujos animados, para cerrar con una visión global de la influencia de la televisión en El Salvador. Este es un estudio que no se puede obviar al trabajar la recepción en el país.

 

El itinerario sobre la recepción se nos ha vuelto un camino con varios senderos. El recorrido se matiza por las dificultades propias del lugar. La investigación desde la academia, cuando no responde a fines mercadotécnicos pagados por una empresa o cuando no se ha establecido un convenio de ayuda exterior, resulta muy poco rentable y es muy difícil conseguir el apoyo mínimo para llevarla a buen término. Las políticas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología no contemplan ningún apoyo concreto a la investigación salvadoreña, sobre todo en el caso de las disciplinas humanísticas y de las ciencias sociales. La apuesta por mantener desde la academia una reflexión rigurosa anclada en la realidad nacional es un camino que cada institución afronta, como puede, con cuadros académicos medianamente formados y con una demanda siempre creciente de estudiantes que obligan a buena parte del cuerpo docente a dedicarse exclusivamente a la enseñanza y a dejar de lado otras posibilidades de incidencia.

 

3. Perspectivas y posibilidades

 

Sería muy bienvenido un debate sobre las nuevas lógicas de producción, circulación y apropiación de conocimientos y las nuevas sensibilidades, tanto planteadas por los mismos medios como por las audiencias… No solo los medios cambian, los sujetos receptores también, y mucho. Ambos se transforman y su apreciación dinámica, en continuo movimiento, siempre constituye un desafío para la investigación de la comunicación.

Guillermo Orozco

¿Podemos afirmar que tenemos una comunidad intelectual definida en el campo de la comunicación en El Salvador? Jesús Martín asegura que “una comunidad intelectual se constituye no sólo sobre la base de tener en común conocimientos –un capital en lucha por su apropiación-, sino también al reconocimiento de unas posiciones teóricas y de unas interpelaciones sociales” (2000b, pág. 9). Y esto implica un proceso largo.

           

Falta ir hacia las audiencias desde propuestas más cualitativas. Falta entender la recepción desde las múltiples mediaciones culturales. La academia debe discutir de manera sistemática los resultados de las distintas investigaciones y poner a disposición de la sociedad salvadoreña estos primeros estudios pioneros que hemos mencionado, pues el problema de la difusión de los resultados se complejiza al no tener publicaciones periódicas, como revistas, y al tener unas políticas muy malas de distribución de libros. Esto redunda en una academia salvadoreña muy poco diciente hacia la sociedad.

           

En septiembre de 2003, El Salvador fue sede de la IV Bienal Iberoamericana de la Comunicación. Con más de 600 participantes, tres universidades sede se convirtieron durante tres días en espacio de discusión constante de los distintos procesos de comunicación. La Universidad Tecnológica, la Universidad Nacional de El Salvador y la Universidad Don Bosco propiciaron un espacio novedoso que muestra las posibilidades del ámbito académico de posicionarse y decir desde las vivencias locales.

           

En el año 2004 la Universidad Centroamericana crea un equipo de profesores que trabajan talleres de recepción crítica. Para ello discuten las distintas mediaciones y las posibilidades y temores de las audiencias.

           

Para el año 2005 la UCA se prepara como la sede del Primer Encuentro Centroamericano de Facultades de Comunicación Social auspiciado por FELAFACS. En este espacio se espera conocer y discutir las investigaciones y reflexiones teóricas que los distintos países de Centroamérica han elaborado tanto en el ámbito de los estudios de recepción como en general de muchos otros trabajos fundamentales. La preocupación por la recepción y las audiencias aparece de forma explícita en varias de las mesas de trabajo que se han convocado.

           

Desde esta misma universidad los estudiantes de último año de la licenciatura, trabajan en coordinación con docentes del semestre un sondeo cualitativo sobre el consumo de los medios de comunicación y otros productos simbólicos. Otro grupo de estudiantes, coordinado también desde las investigaciones del Departamento de Letras, analiza la reacción de los actores sociales ante la permanente campaña gubernamental que busca mantener la popularidad del partido oficial. ¿Cómo aproximarse de manera más adecuada a los procesos diferenciados de recepción de las audiencias?

           

El reto y las posibilidades son enormes. No se trata solamente de situarnos desde las propuestas teóricas y metodológicas ya establecidas se trata de poner a discusión los alcances y las limitaciones de cada una de las experiencias. Se trata de recordar que la discusión metodológica no está agotada y que apenas inicia. Se trata de “pensar las relaciones comunicativas entre los medios y sus audiencias a través de una densa trama teórica, operacionalizada por una multimetodología, que de cuenta de la complejidad de fenómenos que ocurren en el circuito producción-mensaje-recepción, todos contextualizados en una realidad histórico-cultural” (Jacks, 2002, pág. 28).

           

Esto implica por supuesto niveles distintos de discusión. Por un lado la sistematización de lo que hasta ahora se ha trabajado, pero por el otro el anclaje de las propuestas teóricas y de una metodología capaz de reunir lo mejor de distintas disciplinas para entender una realidad anclada en realidades muy particulares.

           

Se trata de establecer un diálogo permanente. Se trata de una categoría que desde muchas otras disciplinas se puso en la mesa de discusión desde principios del siglo XX: el otro, el distinto de mí, el que desborda mis razonamientos y que se postula con autonomía frente a mi pensamiento. Porque los estudios de recepción tienen como protagonista al sujeto social que nos abre a su experiencia, como dice María Cristina Mata: “los destinatarios de los medios se volvieron productores: ya no receptáculos de sentidos preconstituidos, términos pasivos de operaciones de transmisión, sino sujetos activos de una compleja relación” ( 2001, pág. 183). Hacia ahí tenemos que dirigirnos con la humildad necesaria, pero con todas las herramientas metodológicas que nos permitan como ha dicho Ibáñez “pensar el pensamiento con el que pensamos”, reflexionar sobre lo que desde los medios se constituye, pero también cada vez más desde lo que las personas nos cuentan que sueñan, que gozan, que lloran y odian en esa interacción mediática.

 

San Salvador, septiembre de 2004

 

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[1] El presente trabajo no habría sido posible sin la ayuda del profesor Mario Cantarero quien me compartió los datos de algunas de sus investigaciones. Agradezco también la ayuda para obtener y sistematizar los datos de María Dolores de Gutiérrez ,Teresa Andrade, Silvia Gutiérrez, Catia Valladares y Georgina Vanegas.

[2] Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”. El Salvador, Centroamérica.

[3] Estos datos recopilados con mayor detalle y de manera sistemática en Quiñónez, Ramírez y Zalguero (2004) y en Chorro y Balcáceres (2004)

[4] La discusión sobre si la formación del comunicador debe tener un enfoque generalista o especialista es una vieja discusión que parecería agotada pues en algunos espacios los temas son ya otros. En El Salvador, sin embargo, esta discusión desde categorías locales y problemas anclados en la realidad nacional es algo que mantiene vigencia.

[5] El hecho de que estas dos temáticas destaquen como la discusión fundamental en los primeros años del campo de la comunicación en el país no quiere decir que ya no se discutan o que no tengan importancia en el contexto actual.

[6] Me interesa insistir en esta necesidad de poner el punto de partida en el Otro. Esta discusión como muchas otras tiene su fundamento en los movimientos fundamentales que han experimentado tanto la filosofía como las ciencias sociales. Con la visión griega nos hemos preguntado durante mucho tiempo por El Mismo; ahora hay una necesidad de recuperar la noción de alteridad. Esto es frente a la máxima socrática de “conócete a ti mismo” vamos a iniciar un proceso en el cual buscaremos abordar al otro humano, pero a partir del otro y no a partir del conocimiento de lo mismo. Este problema se vuelve protagónico en la discusión a partir de la fenomenología (desde Husserl hasta Levinas, pasando por teóricos tan fundamentales como Schutz) que de hecho aporta mucho a la epistemología, a la teoría y a la metodología sobre comunicación.

[7] Posteriormente, Orozco (2000, pág. 57 y sig.) identificará esta corriente como análisis de audiencias.

[8] Se incluyen los autores que fueron citados en más de un trabajo. El número en el paréntesis es la cantidad de veces que estos autores aparecen citados en la bibliografía final.

* Autores cuyo trabajo intelectual y sus publicaciones han sido realizadas en El Salvador

[9] Es importante hacer notar que las dos tesis que se encontraron son de los años 1985 y 1986, y no pertenecen a graduados de la licenciatura en Letras con especialidad en Medios de Comunicación –que era la carrera que la Universidad servía en esos años–, sino a la licenciatura en Psicología.

[10] El trabajo más viejo está fechado en 1993 y el más reciente en el 2002.

[11] El trabajo que más se acerca a ello es la tesis de maestría de Mario Cantarero (1998) titulada Hábitos de recepción radiofónica en El Salvador: una aproximación sociocultural. Se establece un análisis de doble enfoque: cuantitativo, con una muestra en el ámbito nacional, con la que se describen las preferencias y circunstancias de la recepción radiofónica; el cualitativo, con un corpus de varios sectores, como los campesinos y los jóvenes. este abordaje se hizo con entrevistas en profundidad y con grupos focales, aunque retoma la audiencia campesina, no se dedica de manera exclusiva a este tema rural.

[12] Sobre un elemento de este desplazamiento del consumo y su configuración de actividades es que se ocupa el estudio sobre el corrido de migrantes en El Salvador (Martel y Marroquín, 2003)

[13] http://www.geocities.com/mariocantarero/ y http://www.utec.edu.sv/Septiembre2003/Comunica/Comunica48_2.pdf

[14] http://www.ufg.edu.sv/

[15] Ya he mencionado en otras ocasiones la interesante valla que apareció en distintos puntos de la ciudad capital que afirmaba categóricamente y con orgullo: “En Cuba, es un crimen hablar y emigrar. En El Salvador, no”.